España: El escritor que fingió su suicidio para vender un libro antitrans

España: El escritor que fingió su suicidio para vender un libro antitrans

Un escritor español llamado Daniel Hernán Huerta publicó el viernes 22 de mayo un comunicado firmado por una supuesta hermana suya, Diana Huerta, anunciando su muerte. El texto culpaba a «personas del ámbito queer» de haberlo hostigado durante catorce años hasta empujarlo al suicidio.

La carta fue difundida en redes sociales y en Indymedia, y en pocas horas recorrió los circuitos del feminismo antitrans y la derecha cultural española, que la tomaron como munición fresca contra el activismo LGBTIQ+. Entre quienes la amplificaron figuraron la escritora Lucía Etxebarria, el periodista Juan Soto Ivars y el psicólogo José Errasti, figuras habituales de la cruzada contra los derechos trans en España.

Daniel Hernán Huerta

Al día siguiente, Huerta reapareció en video. Estaba vivo. Tenía en la mano un ejemplar de su libro, Desqueerizar el anarquismo. Apuntes contra el relativismo posmoderno, editado por La Rosa Negra Ediciones y disponible en preventa a 12 euros. La explicación que ofreció fue que había querido escenificar su «muerte social» para abrir «un debate auténtico». Cerró el video repitiendo tres veces, con énfasis teatral: «Estoy vivo, estoy vivo, estoy vivo.» Pocos instantes de gloria más baratos se han visto en el mundo editorial.

El daño, sin embargo, no fue simbólico. Durante horas, personas trans y queer fueron señaladas públicamente como responsables de un suicidio que no había ocurrido. El relato estaba construido con precisión: víctima, culpables identificables, moraleja conservadora. Que todo fuera mentira no impidió que la maquinaria funcionara. Algunos de quienes lo difundieron pidieron disculpas después —Soto Ivars lo llamó «un imbécil», refiriéndose al propio Huerta—, pero nadie se detuvo a pedirle perdón a quienes fueron señalados durante ese ciclo de noticias como asesinos simbólicos.

Nota de diario El País 2026

Lo que quedó en pie, más allá del papelón, es el patrón: una estrategia que usa el suicidio como herramienta de marketing político, que convierte el dolor real de miles de personas en teaser de un ensayo, y que cuenta con una red de amplificadores dispuestos a difundir cualquier cosa que confirme su tesis antes de verificar si es verdad. En ese ecosistema, la mentira no es un error: es el producto.

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