La noche rosa cordobesa: bailar bajo la dictadura en el boliche de la Marcela

La noche rosa cordobesa: bailar bajo la dictadura en el boliche de la Marcela

Sociabilidad gay en el interior · Córdoba, años 70 y 80 · A lo largo y a lo ancho, Meccia (dir.), Ediciones UNL–Eudeba, 2026

En el mismo Córdoba del Cordobazo, mientras la dictadura consideraba «subversivos» a artistas, travestis y homosexuales, una mujer llamada Marcela gestionaba en la terraza de su casa de Barrio San Vicente el único boliche gay de la ciudad. Cuando la policía subía por la escalera, ella salía a negociar. Un capítulo del libro A lo largo y a lo ancho reconstruye esa noche que sus protagonistas llaman, todavía hoy, «la noche rosa cordobesa».

La palabra exacta tardó años en aparecer. Cuando la investigadora Ana Laura Reches Peressotti le preguntaba a sus entrevistados si en esa época se decía «gay», la mayoría respondía enfáticamente: «Ahora se le dice gay, antes se le decía maricas, locas, mariquita

Fue en 2015, en la Feria del Libro de Córdoba, en la Plaza San Martín, donde encontró la palabra que buscaba. Juan, actor y director de teatro, tenía 67 años y había sido uno de sus primeros entrevistados. Cuando Reches le contó sus dudas sobre cómo nombrar las escenas nocturnas que venía estudiando, Juan pensó en voz alta:

Con esa frase como brújula, Reches Peressotti construyó uno de los capítulos más vívidos de A lo largo y a lo ancho, el libro compilado por Ernesto Meccia sobre la vida gay en el interior de Argentina, publicado en 2026 por Ediciones UNL y Eudeba. El capítulo cordobés cubre casi dos décadas —desde fines de los setenta hasta principios de los noventa— y reconstruye, con textura etnográfica, cómo ciertos jóvenes encontraron en la noche una forma de resistencia a la dictadura y a la moral católica dominante de la ciudad.

── I. EL CONTEXTO: SUBVERSIVOS ────────────────────────────────

La última dictadura militar (1976–1983) consideraba «subversivo» a cualquier comportamiento que se apartara de los valores de «dios, patria y familia». Artistas, prostitutas, travestis y homosexuales eran objeto de hostigamiento y persecución. El miedo era generalizado y el terror, sistemático.

Córdoba, sin embargo, era también la ciudad del Cordobazo: una tradición de rebeldía que no se apagó del todo. Desde los años sesenta, la juventud universitaria y artística había construido espacios de resistencia cultural: cafés-concert, salas de teatro experimental, cineclubes de vanguardia. Cuando vino la dictadura, esos espacios se cerraron o se vaciaron de golpe.

«Cuando vino la dictadura todo cambió. Esa gente no se encontró más, o se asustó, o desapareció, o la desaparecieron. Pero no se juntó más.»

entrevistado vinculado al teatro, 71 años

Con el llamado a elecciones democráticas en 1983, esos circuitos comenzaron a renacer. Y con ellos, la noche rosa.

── II. EL RECORRIDO: DE LOS BARES AL BOLICHE DE LA MARCELA ────

El centro histórico de Córdoba era, desde los años sesenta, el corazón de la vida social juvenil. Las peatonales 9 de Julio y San Martín, con sus galerías y vidrieras, concentraban bares, confiterías, cines, teatros y cafés-concert. Era territorio de jóvenes de sectores medios que venían de barrios cercanos y de estudiantes llegados desde otras provincias a estudiar en la universidad.

En ese ambiente circulaba una gente que Juan, el actor, describía con una categoría propia: «gente como uno». No necesariamente homosexuales declarados, sino jóvenes con inclinaciones artísticas, con una sexualidad indefinida o no tan definida, con una onda cultural y progresista. «Toda esa onda que no tiene sexo», decía Juan, «que está más allá de la sexualidad.»

«Íbamos a lugares donde la gente iba porque había una onda como cultural, progresista, under. Toda esa onda que no tiene sexo, que está más allá de la sexualidad.»

— Juan, 67 años, actor y director de teatro

Desde principios de los ochenta, existieron distintos bares céntricos —El Tranvía, Marrón, La Lomoteca— donde encontrarse con amigos y, con mayor o menor discreción, conocer a alguien. Pero el nodo de toda esa noche era otro: Akies, en Barrio San Vicente.

Marcelo Juarez, ‘la marcela’, acompañada (fuente: https://escenastransformistas.com.ar/akies/)

El recorrido habitual empezaba en alguno de esos bares céntricos. Se bebía y se conversaba hasta la medianoche. Luego venía la decisión: La Piaf o Somos, las opciones bailables más cercanas, o el boliche de la Marcela, que requería otra logística. Había que juntarse en dos o tres taxis que aceptaran el traslado hasta la zona alta de la ciudad.

Una vez allí, se pagaba la entrada y se subía por una escalera a la terraza.

── III. AKIES: LA TERRAZA DE LA MARCELA ──────────────────────

Akies funcionó entre 1975 y 1987 en Barrio San Vicente, un barrio popular y tradicional de Córdoba, con fuerte impronta de clase trabajadora e identidad barrial consolidada. El local funcionaba en la terraza de la casa de Marcela. En la planta baja, su pareja administraba un almacén.

La terraza estaba decorada con palmeras de papel y luces de navidad. Había música. Se bailaba, se bebía, se coqueteaba. Desde arriba se podía ver la calle.

Imagen: Eugenio Cesano.
Imagen: Eugenio Cesano.

«En Akies te sacabas a bailar, te mirabas, coqueteabas. Era nuestro lugar.»

— entrevistado, nombre reservado

Marcela —como la llamaban— tenía figura esbelta, cabello rubio hasta los hombros y había construido con los años una imagen de personaje. Era famosa en el ambiente por haber gestionado ese espacio desde la década de los setenta, cuando hacerlo implicaba un riesgo real y cotidiano. Cuando la investigadora Reches Peressotti la entrevistó por primera vez, ya era una figura legendaria: personas que habían ido una sola vez a Akies, hace décadas, todavía tenían un recuerdo vívido de ella.

── IV. CUANDO SUBÍA LA POLICÍA ───────────────────────────────

La terraza de Akies tenía una ventaja táctica: desde arriba se podía ver quién se acercaba por la calle. A veces, los que bailaban alcanzaban a observar cómo agentes uniformados subían por la escalera e irrumpían la escena.

Casi siempre, Marcela salía a negociar.

«Tranquilos chicos, tranquilos chicos.»

— Marcela, dueña de Akies, citada por los entrevistados

La frase se repite en los testimonios como un mantra. Marcela hablaba con los agentes, arreglaba algo —nunca queda del todo claro qué— y la noche continuaba. Era, en palabras de Reches Peressotti, «una importante gestora de las noches de entonces».

El hostigamiento policial no desapareció con la democracia. Los encuentros desafortunados con agentes —razias, detenciones, abusos, maltrato físico y verbal— continuaron después de 1983. Pese al retorno del orden constitucional, algunos modos de estar en la noche todavía estaban, en la práctica, en estado de excepción.

Darío, docente de 50 años al momento de la entrevista, lo resumía con énfasis: «Nos llevó mucho, mucho tiempo decir democracia, democracia, democracia.»

── V. EL AMBIENTE: UNA CULTURA, NO SOLO UNA SEXUALIDAD ─────

Lo que hacía singular a esa noche cordobesa no era solo el deseo homoerótico sino la cultura que lo rodeaba. Los locales nocturnos proyectaban películas de autor que no circulaban en otros cines y luego abrían espacio para el debate. Los cafés-concert como Bestiario, María Castaña y Elodía tenían mesas y sillas, espectáculos teatrales, lecturas de poesía.

Elodía, sobre la Avenida Colón, era recordado especialmente por la actuación de Raúl Ceballos con el personaje de Doña Rosa: una parodia de mujer de clase media, algo snob, con pretensiones artísticas e intelectuales. El humor camp como forma de resistencia cultural.

Raúl Ceballos en Villa Carlos Paz

El Ángel Azul, bar y cineclub, tomaba su nombre de la película alemana de los años treinta protagonizada por Marlene Dietrich —ícono del universo gay antes de que existiera la palabra. La elección no era casual.

Los entrevistados hablaban de «la bohemia» como un término que englobaba espacios, artistas locales, públicos y formas de vida alejadas del conservadurismo cordobés. Ser «bohemio» era una forma de decir algo sin decirlo. Una contraseña, como lo había sido Plaza España en Resistencia, como lo fue «la San Luis» en Santa Fe.

── VI. LO QUE QUEDÓ ─────────────────────────────────────────

Akies cerró en 1987. La noche rosa cordobesa continuó bajo otros nombres y en otros locales. Con la democracia afianzada, la escena se fue haciendo más visible, más nombrada, más política.

Pero lo que reconstruye el capítulo de Reches Peressotti es algo más difícil de nombrar que una lista de boliches: la textura de una época en que bailar en una terraza con palmeras de papel era, al mismo tiempo, un acto de deseo, de amistad, de resistencia y de supervivencia.

La palabra «gay» todavía no alcanzaba para describir todo eso. Por eso Juan, el actor, eligió otra.

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NOTA DEL EDITOR:

Este texto está basado en el capítulo "La noche rosa cordobesa. Escenas y prácticas festivas en Córdoba (Argentina) entre las décadas 1970–1980", de Ana Laura Reches Peressotti, en A lo largo y a lo ancho. Estudios sobre sociabilidad gay en Argentina (dir. Ernesto Meccia). Ediciones UNL – Eudeba, 2026. 462 páginas. ISBN 978-987-749-532-4.

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