La farmacéutica multinacional viste sus redes sociales con los colores del Pride cada junio, pero lleva más de tres años sin reparar a Leonardo Hatanaka Da Silva, el trabajador brasileño al que despidió 12 días después de pedir la licencia por paternidad que la propia empresa garantiza «sin distinción de género».
Junio vuelve a traer banderas arcoíris a los perfiles corporativos, y Sanofi no es la excepción. La farmacéutica francesa —presente en Argentina a través de tres entidades legales, entre ellas Genzyme de Argentina— despliega año tras año una imagen inclusiva que contrasta con un caso concreto y documentado: en febrero de 2023, despidió a Leonardo Hatanaka Da Silva, migrante brasileño radicado en Buenos Aires, exactamente 12 días después de que éste notificara su intención de tomar la licencia parental de 180 días que la compañía ofrece a todos sus empleados en Latinoamérica desde 2020, «sin importar su género ni grado de carrera».

El INADI concluyó que la conducta de la empresa «se encuadra en los términos de la Ley N.º 23.592 como conducta discriminatoria por orientación sexual», dado que la complejidad del camino que Leonardo y su pareja debieron recorrer para convertirse en padres —una gestación solidaria que la obra social contratada por Sanofi se negó a cubrir, pese a no existir cláusula de exclusión para familias homoparentales— fue causada «precisamente por ser gay». En mismo sentido se expidió la Dirección General de Convivencia en la Diversidad de la Ciudad de Buenos Aires. La Justicia laboral también falló en su favor. La empresa, sin embargo, no pagó indemnización, dejó de solventar el alquiler de la vivienda que le correspondía como expatriado y, más de tres años después del despido, sigue sin reparar el daño.
Pinkwashing
El pinkwashing ocurre cuando una marca usa símbolos LGBTQ+, los colores del Pride o el lenguaje de la comunidad para parecer solidaria sin hacer demasiado detrás de escena. La bandera arcoíris está bien; una línea presupuestaria concreta está mejor. El caso de Sanofi es un ejemplo textual: mientras su logo se arcoiriza cada junio y su sitio web celebra grupos internos de diversidad e inclusión, una resolución administrativa, una sentencia judicial y el testimonio de un exempleado documentan lo opuesto. Leonardo tuvo que declarar su orientación sexual a la empresa por primera vez en Argentina, donde también nació su hijo Matteo —inscripto sin inconvenientes en el Registro Civil porteño y en la ANSES—, y fue ese mismo acto de visibilidad el que precedió al trato que él mismo describió como «muy raro» y que terminó en despido.
Organizaciones como AFADA y el Center for Reproductive Rights acompañaron la denuncia. La familia hoy vive en Brasil. Sanofi, mientras tanto, se prepara para otro junio de comunicaciones inclusivas. La pregunta que el caso Hatanaka deja abierta es sencilla: ¿cuánto vale el arcoíris de una empresa que no resolvió la deuda con el empleado al que discriminó?


