«El que te atiende es el que te puede curar»: ser gay en Olavarría, donde no hay un solo boliche pero la gente se junta igual

«El que te atiende es el que te puede curar»: ser gay en Olavarría

Ernesto Meccia volvió a Olavarría diez años después de haber dado, ahí mismo, una charla sobre la salida del armario en la Feria del Libro de la ciudad. Esta vez fue a hacer trabajo de campo para A lo largo y a lo ancho: cinco días de entrevistas en una ciudad de 125.751 habitantes que nunca tuvo un boliche gay propio, donde la Plaza Coronel Olavarría sigue funcionando como punto de encuentro sin necesidad de aplicaciones, y donde una frase de uno de sus entrevistados le terminó dando título al capítulo: hoy, en el hospital o en el gimnasio, el que te atiende puede ser gay —y ya nadie necesita ocultarlo.

Sociabilidad gay en el interior · Olavarría, Buenos Aires · A lo largo y a lo ancho, Meccia (dir.), Ediciones UNL–Eudeba, 2026

El capítulo sobre Olavarría, como el de Resistencia, lo escribió el propio Ernesto Meccia, sociólogo porteño y director del libro, en primera persona y con forma de diario de campo. Llegó en colectivo el miércoles 24 de enero de 2024 y se quedó hasta el lunes 29, gracias al trabajo de contacto de Florencia Magnaterra, quien lo había invitado diez años antes a esa misma ciudad para hablar de la salida del armario.

── I. LA CIUDAD DEL CEMENTO Y LOS DOS CAMINOS PARA SALIR ──────

Olavarría está en el centro-sur-oeste de la provincia de Buenos Aires y es cabecera de un partido que reúne, además, a Sierra Chica, Hinojo, Sierras Bayas y otras quince localidades. Según el Censo 2022 tiene 125.751 habitantes. La actividad agrícolo-ganadera convive con las canteras de piedra caliza que dieron origen, hace un siglo, a la industria del cemento de la mano de Loma Negra y la familia Fortabat.

La ciudad se conecta con el resto del país por dos rutas: la nacional 226 (que la une, al norte, con Bolívar y General Villegas, y al sur, con Tandil y Mar del Plata) y la provincial 51 (que la conecta con Bahía Blanca). Está a 350 km de la Ciudad de Buenos Aires, a 138 de Tandil y a apenas 54 de Azul, la ciudad más cercana. El tren de pasajeros que la unía con Buenos Aires y Bahía Blanca quedó fuera de servicio tras dos descarrilamientos, en 2022 y 2023; solo sigue activo el ramal de cargas, ligado a la industria del cemento.

Yendo hacia el apart hotel donde se hospedó, Meccia reconoció lo que ya lo había impresionado en su primera visita: calles anchas, veredas sin árboles y un suelo que le pareció «más plano de lo plano que era». La llanura le trajo a la memoria a Héctor Bianciotti, a Manuel Puig y, sobre todo, a Madame Bovary: la idea de que vivir lejos de la gran ciudad condena al tedio. Llegó a Olavarría, escribe, con esa hipótesis en la valija. No estaba seguro de que resistiera el trabajo de campo.

── II. LOS TRES SIGNIFICADOS DE «MOVIDA GAY» ──────

En cada entrevista y en una conversación grupal realizada en el patio de la Sociedad Francesa, Meccia pidió a sus entrevistados que se imaginaran un dron sobrevolando la ciudad. Uno de los temas que surgió fue si en Olavarría existía, o había existido, una «movida gay». Encontró tres sentidos distintos de esa expresión.

El primero fue movida política. Todos coincidieron en ubicar su arranque en los momentos previos a la Ley de Matrimonio Igualitario de 2010, con la primera Marcha del Orgullo de la ciudad en 2009 como hito fundacional. Carlos (61 años), un referente histórico, llevó el recuerdo más atrás: el activismo en VIH de los años 90, impulsado desde 2002 por el Grupo de Trabajo Interdisciplinario Chesida, de la Universidad Nacional del Centro.

«En los años 90, me hice mediático. Primero sin fotos porque si me mostraba en los medios no cogía nunca más. Había que ponerle rostro humano al estigma. Y me hice conocido desde ese lugar. Era todo un dilema. Mostrarse HIV y hacerle el juego a la derecha.»

— Carlos, 61 años

El armado de 2009 fue obra de «muy pocas personas»: Florencia (48) abrió un ciclo de cine en el bar La Gaviota; con Ariel (35) se organizaban también en el local de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos. Después del matrimonio igualitario, según los entrevistados, esa energía colectiva se desinfló en «grupitos» dispersos. La Marcha, sin embargo, siguió haciéndose todos los años desde 2009 sin interrupción, sostenida en buena medida por la presencia disruptiva de la comunidad trans.

El segundo sentido fue movida para el ocio nocturno. Acá el diagnóstico fue unánime: en Olavarría no hay pubs, bares ni boliches específicamente LGBT. Con los años circularon lugares «gayfriendly» —La Gaviota, Museo, Blue, Diferente, Mister X, Napoles, Liverpool— que ya no existen en su mayoría. Diferente tuvo un final abrupto cuando la policía, según Carlos, le «plantó cocaína». En Liverpool, Kevin (28) recordó un episodio típico de esos espacios prestados:

«En Liverpool una vez había una pareja de chicas, se acercó un chabón, les preguntó: ‘¿Ustedes son novias? ¿Se pueden dar un beso?’, una cosa horrible. Ahora nunca vi que ese tipo les pida lo mismo a los varones gays. Te sacan rajando. Pasa y va a seguir pasando.»

— Kevin, 28 años

Archivo @club69hinojo
Archivo @club69hinojo

El único emprendimiento pensado como espacio exclusivamente LGBT abrió en 2022, y no en Olavarría sino en Hinojo, una localidad del partido a 20 km, de unos 3.000 habitantes: Club 69, promocionado por la prensa local como «el primer lugar exclusivamente LGTB de la historia de la ciudad«. Meccia notó algo curioso: nadie lo mencionó como tema relevante en las entrevistas; varios ni sabían bien dónde quedaba o creían que ya había cerrado.

El tercer sentido fue el de una movida artesanal, hecha de amistades, conocidos de conocidos y visitantes ocasionales. Ariel (35) recordó reuniones en un hotel en desuso donde se juntaban «15, 20 maricas» antes de que empezara la remodelación, y cómo los primeros años de Facebook sirvieron para tejer esa red y atraer gente de Tandil (150 km) y Azul a la primera Marcha. Kevin lo resumió así:

«Acá no hay boliche para relacionarnos. Acá, al espacio, lo tenemos que armar nosotros constantemente año a año, temporada a temporada. Esa es la movida.»

— Kevin, 28 años

── III. LA PLAZA CORONEL OLAVARRÍA Y EL LEVANTE SIN MISTERIO ──────

Antes de que existieran las apps, la infraestructura no oficial pasaba por la calle. Carlos ubicó el escenario por excelencia en la Plaza Coronel Olavarría, la plaza central de la ciudad, donde según él ligar no requería más condición que estar ahí:

«Llego con mi cuerpo a la plaza. La gente cuando mira, mira. Y ves que se acerca uno que no conocés y vos mirás y te mira. Y das una vuelta y de nuevo, te mira, mirás. Y siempre así. No hay misterio.»

— Carlos, 61 años

── IV. «EL QUE TE ATIENDE ES EL QUE TE PUEDE CURAR» ──────

El cambio más señalado por todos los entrevistados fue el aumento de la visibilidad cotidiana. Carlos, que se mudó a la ciudad en 1996, contrastó el «pueblo chico, infierno grande» de los 80 —cuando lo insultaban o le tiraban piedras desde un auto— con el presente, donde a lo sumo recibe una mirada de desprecio. José (48) contó que durante los años que estuvo en pareja, ni siquiera su madre fue nunca a la casa que compartía con su pareja.

Ariel llevó esa historia a un plano más estructural. Comparó la Olavarría «cuadriculada» de la época militar —una ciudad con una sola gran empresa (Loma Negra), horarios fijos y «dar la vuelta al perro» los sábados como único horizonte de ocio— con la actualidad, donde los disidentes sexuales aparecen «en todas partes»: en el hospital, en la escuela, en el gimnasio. De esa reflexión surgió la frase que le da título al capítulo:

«Hoy vos vas al hospital y lo que pasó mucho fue la profesionalización de los chicos de mi edad. (…) Entonces vos vas al hospital y te va a atender un médico gay, o un enfermero gay, o una chica lesbiana. (…) Hoy, la gente, acá, es como que ve que el que te atiende es quien puede curar, el que te puede reparar algo, el entrenador del gimnasio que te ayuda a mejorar, el que le va a enseñar a tu hijo (…). Es como que hay otra visibilidad. Una visibilización sin el estereotipo de lo que se veía antes

— Ariel, 35 años

Meccia escribe que antes, en Olavarría, se veían «homosexuales que eran médicos»; ahora se ven «médicos que son gays». El estatus sexual dejó de subordinar todo lo demás.

── V. REDES, GRINDR Y LA DISCRECIÓN NECESARIA ──────

Sobre Grindr, la descripción coincidió entre los entrevistados: la aplicación vive en un letargo permanente —siempre los mismos perfiles— que solo se activa en fines de semana largos y fiestas de fin de año, cuando llega gente nueva a la ciudad. Para Kevin, la app también resuelve un problema de discreción en una ciudad donde «todos se conocen entre todos», aunque esa discreción tiene límites:

«Grindr hace que la comunicación sea subterránea. Hay muchísimas personas que están ahí que ni siquiera tienen foto, pero lo prefieren a que los vean como el puto peluquero. (…) También ha pasado que han escrachado a alguien que está en la aplicación porque tiene VIH.»

— Kevin, 28 años

Facebook fue clave en el armado de la primera Marcha, en 2009, y sigue vigente como fuente de información, aunque hoy es Instagram la red preferida para enterarse de fiestas, organización de la Marcha y hechos de discriminación.

── VI. TANDIL PARA RESPIRAR ──────

A la pregunta sobre qué le falta y qué le sobra a su ciudad, Florencia respondió pensando en Tandil, a 138 km:

«Tandil es una ciudad, primero, más bella, después con más movimiento por la universidad y el turismo que tiene. Para nosotros está muy cerca y es una posibilidad de descanso, de descanso de esa mirada que no siempre es dura pero que te agota, porque es una mirada de pueblo.»

— Florencia, 48 años

Ariel, en cambio, relativizó el atractivo de Buenos Aires: lo que lo tentaba de la ciudad no era la posibilidad de vivir como gay, sino las oportunidades laborales y la vida cultural. Hoy, dice, «me acostumbré al ritmo de Olavarría» y no encuentra motivos —ni laborales ni de orientación sexual— para irse.

A la pregunta final sobre qué dirían de la Olavarría de hoy para la vida LGBT, las respuestas fueron breves y dispares. Martín (51): «En ninguna parte hay mucha visibilidad de la vida afectiva». Kevin: «Puede ser buena para vivir, depende de qué grupo encuentres». Florencia: «Tenés que abrir tu propio camino. La ciudad no te ofrece demasiado». Carlos cerró: «Estamos en todos los espacios. Yo te diría que Olavarría es buena. Podés encontrar tu grupo».

── NOS VEREMOS EN OLAVARRÍA ──────

El domingo, fuera de agenda, Meccia le hizo una entrevista larga a Carlos. El lunes volvería a Buenos Aires. La noche anterior, caminando de vuelta al apart hotel después de buscar un cajero, notó un auto blanco que avanzaba en paralelo a su ritmo. El conductor bajó la cabeza y estiró el brazo, como invitándolo a subir. Meccia se hizo el distraído. El auto dobló la esquina y se detuvo. Así termina el capítulo:

«Las piernas estaban más flojas y la boca un poco pastosa. No estaba exactamente nervioso. Siempre me pasó igual.»

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Los nombres de las personas entrevistadas fueron modificados por el autor para preservar su anonimato.

NOTA DEL EDITOR:
Este texto está basado en el capítulo «El que te atiende es el que te puede curar. Modernización gay y miradas fuertes en Olavarría», de Ernesto Meccia, en A lo largo y a lo ancho. Estudios sobre sociabilidad gay en Argentina (dir. Ernesto Meccia). Ediciones UNL – Eudeba, 2026. 462 páginas. ISBN 978-987-749-532-4.

ENTREGAS ANTERIORES:
→ Santa Fe, años 80 y 90: argay.ar/yirar/
→ Resistencia y Corrientes: argay.ar/resistencia-corrientes/
→ Córdoba, años 70 y 80: argay.ar/cordoba-rosa/
→ Goya, Corrientes: argay.ar/goyagay/
→ Bahía Blanca: argay.ar/bahia/
→ Comodoro Rivadavia: argay.ar/iridiscencias/

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