Contaminación cruzada: cuando los heteros llegaron al boliche gay de Bahía Blanca

Contaminación cruzada: cuando los heteros llegaron al boliche gay de Bahía Blanca

Durante cuatro décadas, los gays bahienses construyeron —a fuerza de conquista y riesgo— un circuito nocturno propio. Hoy queda una sola fiesta, se llama Lemi Fest y se presenta como «heterofriendly«. Un geógrafo reconstruye esa historia y hace una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando el ambiente gay se vuelve apto para todo público?

Sociabilidad gay en el interior · Bahía Blanca, Buenos Aires · A lo largo y a lo ancho, Meccia (dir.), Ediciones UNL–Eudeba, 2026

Era la primera cuadra de O’Higgins. El local tenía ventanales enormes, esculturas raras, cuadros gigantes. Los viernes de Chamán rompían los esquemas de la ciudad. Una noche, el gestor del lugar contrató a dos transformistas para que actuaran. Iván tenía un micrófono con un cable de treinta metros. En un momento de su show, empezó a perseguir a un gay que escapaba hacia el fondo del salón.

Waldo, que lo vio todo, lo cuenta todavía hoy riéndose: «¡Se hizo hacer un micrófono con un cable de treinta metros para eso!«

Era fines de los años noventa en Bahía Blanca, y el ambiente —ese circuito de espacios nocturnos construido por y para el público gay— estaba en su momento de mayor esplendor. Chamán era el epicentro: un café concert con shows, recitales, exposiciones, obras de teatro y una pista de baile donde «había lesbianas, gays, padres, madres, tíos, primos, de todo». Era, decía Waldo, «del nivel de Buenos Aires».

Hoy Chamán no existe. Tampoco Adonis, ni Kashmir, ni Hollywood, ni Amnesia, ni Hamsa, ni Illimité. Queda la Lemi Fest, una fiesta mensual que rota por distintos locales y que se presenta en Instagram con los emojis de una pareja heterosexual y la promesa de ser un espacio para «todxs».

José Ignacio Larreche, doctor en Geografía e investigador de la Universidad Nacional del Sur, reconstruye esa historia en el libro A lo largo y a lo ancho. Lo llama, con precisión geográfica y algo de melancolía, «contaminación cruzada».

── I. CONQUISTAR LA NOCHE ──────

Bahía Blanca tiene algo más de 300.000 habitantes. Es el principal nodo urbano del sudoeste bonaerense: ciudad portuaria, ciudad universitaria, ciudad de paso. Larreche la define como una «mesópolis«: un espacio donde no existe un fuerte sentido de pertenencia entre sus habitantes más allá de la potencialidad económica que le da el puerto.

Para los gays bahienses, esa ciudad hubo que conquistarla de noche.

El primer reducto llegó entre 1983 y 1985, apenas recuperada la democracia. Old Blue era un pub en la intersección de Granaderos y Rodríguez. Se ingresaba con contraseña. Predominaban los colores negros, las camperas de cuero y los pelos largos. «Iban cantantes y, a veces, la gente se quedaba a dormir allí», cuenta Juan, que lo recuerda como «un lugar maravilloso para la época».

«Era un lugar neutral donde no te jodía nadie.»

Waldo, entrevistado en el libro

Desde entonces y durante cuatro décadas, el ambiente bahiense creció, se mudó, se reinventó y se redujo. Larreche lo cartografió: un mapa con 35 puntos que va de 1983 a 2019, con bares, pubs, discotecas y fiestas itinerantes que fueron dibujando, manzana a manzana, la geografía del deseo gay en una ciudad intermedia del interior bonaerense.

La paradoja de sostener esos espacios en una ciudad intermedia la resumió Iván, de 72 años, con una frase que Larreche rescató en una crónica previa al libro:

«Los putos se quejan de que no tienen un boliche para ellos en Bahía, pero cuando les ponés uno se van a yirar a la plaza.»

Iván, 72 años (Moléculas Malucas, 2021)

── II. LA ÉPOCA DORADA ────────

El esplendor fue Chamán primero, y Adonis después.

Chamán, en los noventa, inauguró lo que Larreche llama «lo gayfriendly»: un espacio donde el público gay era bienvenido pero donde la mayoría seguía siendo heterosexual. «Había mucho respeto», dice Waldo. «Era un todo bien, no un todo vale». Cuando Iván tomaba el micrófono durante el show de transformismo, los gays del público escapaban hacia el fondo del salón. La presencia heterosexual todavía imponía cierta inhibición.

Balcón de Adonis // moleculasmalucas.com

Adonis fue otra cosa. Alejandro lo abrió a fines de 2006 pensando en la comunidad gay, solo en ella. Mandaba invitaciones por Fotolog a una base de datos cuidadosamente construida. Armaba un sector VIP. Tenía una carta de tragos sin competencia en la ciudad. Traía shows de strippers.

El local era pequeño, pero su inteligencia estaba en el orden de las cosas. La ansiedad de llegar desde la calle —Adonis estaba en pleno centro, a la vista de todos— se alivianaba en el ascenso por la escalera. Ya arriba había sillones para recuperarse, pispiar la pista y ver quién estaba. La barra principal tenía algunas butacas y en su esquina el tablero de mezclas. Una pantalla transmitía videoclips: el momento más recordado fue la actuación de Britney Spears, Christina Aguilera y Madonna en los MTV Music Awards, con su beso lésbico final, que convertía la pista en algo colectivo e irrepetible. El balcón, aislado del ruido por puertas corredizas, era el lugar para fumar, charlar o terminar de concretar la conquista. Desde ahí se veía la calle, y los que pasaban miraban curiosos hacia arriba.

En ese espacio, la música importaba tanto como la compañía. Larreche lo documentó en una crónica publicada en Moléculas Malucas en 2021, donde uno de sus entrevistados recuerda con precisión el momento en que Miranda! sonaba en la pista:

«Se puso de moda Miranda y lo pasaban en el boliche y nos poníamos como locas, hacíamos gestos y toda una cosa teatral, era como nuestra canción y nuestro momento.»
Andrea, 31 años, entrevistada por Larreche (Moléculas Malucas, 2021)

Y otro, Darío, contaba que de chico bailaba esas mismas canciones a escondidas frente al espejo de su pieza o en el living cuando no había nadie. En Adonis podía hacerlo a la vista de todos.

«Cuando iba a Adonis podía estar con quien quisiera que nadie me hostigaba y muchísimo menos me iba a hostigar la seguridad de ahí. Eran personas con una remera que decía seguridad, no estaba esa cosa de inhibir al otro con esteroides o la altura.»
Andrea, entrevistada en el libro

«Quedarte sola o solo en Adonis no era un problema porque siempre alguien se acercaba a hablarte con buena onda. Eso no pasa entre paquis.»
Daniela, entrevistada en el libro

El esplendor de Adonis duró hasta 2011. Cuando cerró, el ambiente bahiense entró en una era diferente: la de las fiestas itinerantes, sin local propio, que rotaban por distintos espacios de la ciudad y que requerían negociar cada vez con dueños que no formaban parte del ambiente.

── III. LOS CURIOSOS ─────

A lo largo de toda esa historia, hubo una presencia constante y ambigua: la del varón heterosexual curioso.

Pedro lo recuerda desde fines de los noventa: pasaba en auto por Laberinto, veía a los chicos relajados en la vereda, «esos que iban relajados por la calle sin hacerse cargo, o mejor dicho, haciéndose cargo». Pasaba y pasaba sin decidirse a entrar.

En Kashmir, un chongazo llegó horas antes de que abriera a preguntar si podía bailar desnudo frente al público. Le dijeron que sí. «Fue increíble», recuerda Guido.

En Adonis, durante las despedidas de soltero, grupos de heterosexuales usaban el boliche como parada del tour. La primera gestora lo permitía. Los habitués no estaban conformes.

En Hollywood, ya en 2013, la proximidad geográfica con otros locales típicamente heterosexuales de la Avenida Fuerte Argentino hacía que los cruces fueran continuos. Curiosos mucho más jóvenes empezaban a entrar, atraídos por una escena que ya incluía personas trans y no binarias.

── IV. LA LEMI FEST Y LA PREGUNTA INCÓMODA ───

Desde 2021, Leo —que de noche es la drag Lemigon Capricious— organiza la Lemi Fest, la única fiesta del ambiente que sobrevive en Bahía Blanca hoy. Se realiza una vez al mes, en el espacio donde funcionaba Don Perignón, en el centro de la ciudad.

@lemi_fest_bb

La Lemi Fest nació con un foco claro: la comunidad LGTBQ. Pero algo fue cambiando.

«La alternancia se fue dando a partir de la impronta de las mujeres cisheterosexuales que acudían. A mí me empezó a causar urticaria porque la gente heterosexual tiene sus lugares y no en muchos de esos lugares nos han mirado o recibido bien, de hecho, un poco nos han excluido. Y que venga gente hetero jode un poco
Leo / Lemigon, gestora de la Lemi Fest

Pero el dueño del local presionaba para abrir la convocatoria. «Al principio el dueño me enfatizó para todos, porque a él le interesa la ganancia. Mi interés es otro, yo no soy empresario, es crear un lugar de comodidad y libertad.»

Leo cedió, gradualmente. Y entonces llegaron las mujeres heterosexuales, y con ellas sus amigos varones, y con ellos los problemas. «Algunos molestaban a las chicas y la gente de la comunidad me lo hizo saber. Las chicas lesbianas me empezaron a escribir por privado: ¡qué pasó con la Lemi Fest que se volvió paqui!»

Hubo otra señal más contundente. Una semana, Leo había preparado todo para la fiesta del sábado. Cuando llegó el viernes encontró que todo lo que había hecho con sus manos había sido desechado.

«Todo lo que había hecho con mis manos había sido desechado y también la bandera de la comunidad que flamea desde una de las ventanas.»
Leo / Lemigon

Leo se replanteó si era el lugar para su proyecto. Pero continúa. Decora cada fiesta con una temática distinta, reinvierte lo de las entradas en la decoración y en mejoras del local. Con la fiesta no gana plata.

«Son los que menos vienen, por eso me pongo feliz cuando veo esas caras. Ellos conocen, muchos viajan, y a mí me pone feliz cuando regresan.»
Leo / Lemigon, refiriéndose a los varones gays

── V. LO QUE SE PIERDE CUANDO EL AMBIENTE SE ABRE ───

Larreche no es neutral en su análisis y lo dice desde el principio: el suyo es un posicionamiento «más LGTBcéntrico que feminista y más preocupado por el devenir gay que por la suma del colectivo». Lo heterofriendly, argumenta, produce tres perturbaciones concretas.

La primera es el retroceso del ambiente ligado al pragmatismo del «sin etiquetas»: muchos noctámbulos se sienten atraídos por espacios donde la identidad no importa, pero eso erosiona la experiencia de una generación que construyó su subjetividad gay precisamente en esos espacios marcados.

La segunda es la moralización de la nocturnidad: la irradiación de la diversidad como causa políticamente correcta lleva a que la fiesta gay se convierta en un espacio de visibilidad para otros, donde los varones gay quedan como invitados incómodos de lo que alguna vez fue su propio territorio.

La tercera es la reducción de opciones: en Bahía Blanca, de un circuito con decenas de espacios distribuidos por toda la ciudad, quedó una sola fiesta mensual itinerante que además se presenta como heterofriendly.

«El ambiente nunca negó la entrada del público heterosexual, pero siempre ha sido importante que las mayorías eternas sepan y sientan que no lo son entre esas cuatro paredes que, a costa de dolor, paciencia y riesgo, se supieron conseguir.»
José Ignacio Larreche, investigador

La pregunta que deja el capítulo no tiene una respuesta sencilla. ¿Cuánto de lo heterofriendly es apertura genuina y cuánto es pinkwashing, es decir, la apropiación de una cultura para captar un público sin asumir ningún costo ni riesgo? ¿Qué se pierde cuando el espacio que tardó cuatro décadas en construirse empieza a disolverse en «un lugar para todxs»?

Leo sigue armando las fiestas. La bandera de la comunidad vuelve a flamear desde la ventana. Y cuando aparece una cara conocida del ambiente, Lemigon se pone feliz.

────────────────────────────────────────

NOTA DEL EDITOR:
Este texto está basado principalmente en el capítulo «Contaminación cruzada. El auge heterofriendly y el ocaso del ambiente en Bahía Blanca», de José Ignacio Larreche, en A lo largo y a lo ancho. Estudios sobre sociabilidad gay en Argentina (dir. Ernesto Meccia). Ediciones UNL – Eudeba, 2026. 462 páginas. ISBN 978-987-749-532-4.

Algunos testimonios y descripciones sobre Adonis provienen de una fuente secundaria del mismo autor: Larreche, José Ignacio. «Adonis: el esplendor del ambiente en Bahía Blanca». Moléculas Malucas, 15 de julio de 2021.

ETIQUETAS SUGERIDAS: bahía blanca, interior argentino, historia gay, sociabilidad, ambiente, heterofriendly, lgbtiq, ernesto meccia, a lo largo y a lo ancho, ediciones unl, eudeba, yiro federal, nocturnidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *