La Corte Constitucional de Ecuador autorizó a una chica trans de 17 años a cambiar sus documentos de identidad, en un fallo que sienta precedente para otros jóvenes en el país andino.
Amada tiene 17 años y su nombre lo explica todo: sus padres la llamaron así porque llegó a su familia para ser amada. Tras una batalla legal que comenzó cuando ella tenía apenas nueve años, la Corte Constitucional de Ecuador le otorgó recientemente el derecho a modificar su nombre y sexo en sus documentos de identidad. El fallo, junto con otro caso similar resuelto a fines de marzo, abre un camino inédito para que otros adolescentes trans puedan acceder al reconocimiento legal de su identidad en ese país.

El recorrido de Amada y su familia estuvo marcado por la exclusión desde el principio. A los nueve años, recorrió 14 escuelas que se negaron a admitirla porque sus documentos no coincidían con su identidad de género. Un primer tribunal le había concedido el derecho a cambiar sus papeles, pero el Registro Civil apeló y una instancia superior revirtió esa decisión, obligando a la familia a continuar la lucha por años.
El logro llega en un contexto regional donde los movimientos conservadores vienen ganando terreno. Grupos religiosos y organizaciones de derecha en Ecuador criticaron el fallo, argumentando que la Corte había excedido sus facultades y que este tipo de decisiones representan «graves riesgos» para el desarrollo de los adolescentes. La administración del presidente Daniel Noboa, por su parte, no ha brindado apoyo activo a los derechos LGBTIQ+, y la ministra de Educación ha rechazado públicamente la inclusión de la llamada «ideología de género» en las escuelas.
Para Cristian González Cabrera, investigador de Human Rights Watch, ese clima puede traducirse en hostilidad institucional, demoras y negativas indebidas hacia quienes intenten seguir el camino que abrió Amada. Organizaciones como Silueta X y la Fundación Pakta vienen documentando, además, un aumento preocupante de la violencia contra personas LGBTIQ+: solo en 2025 se registraron 30 asesinatos, 21 de ellos de mujeres trans.
A pesar del contexto adverso, la historia de Amada es también la de una familia que eligió transformar el dolor en acción. Sus padres, Lorena Bonilla y Mauricio Caviedes, se convirtieron en activistas y fundaron un grupo de apoyo para familias con integrantes LGBTIQ+. «Los comentarios pueden ser despiadados y la gente no tiene idea de la realidad de las familias», reflexionó Mauricio. Lorena, por su parte, dejó un mensaje para otras familias en situaciones similares: «Queremos que cualquier padre sepa que esa persona diversa podrá ser lo que quiera ser».
Amada sueña con ser enfermera, motivada por el deseo de ayudar a sus amigas trans a acceder a la salud sin discriminación. Un sueño que, ahora con sus documentos en orden, está un paso más cerca.
Fuente: Cadena 3 — cadena3.com




