«Juntarnos para vivir»: la historia del primer varón gay aceptado para adoptar en Tucumán

«Juntarnos para vivir»: la historia del primer varón gay aceptado para adoptar en Tucumán

En 1985, a los 15 años, Fabián Vera del Barco escuchó a su padre llamar «peste rosa» a la enfermedad que mataba a los gays. Veinticinco años después se convirtió en el primer hombre gay soltero aceptado como postulante a la adopción en el registro de Tucumán — y una jueza le advirtió que, si hablaba con la prensa, ella también «podía levantar un teléfono». Hoy tiene dos hijos.

Sociabilidad gay en el interior · San Miguel de Tucumán, Tucumán · A lo largo y a lo ancho, Meccia (dir.), Ediciones UNL–Eudeba, 2026

Fabián Vera del Barco
── I. 1985: LA «PESTE ROSA» EN LA MESA FAMILIAR ──────

Un domingo de verano, en un almuerzo familiar de siete hermanos, su hermano mayor comenta que murió Rock Hudson. Su padre sentencia:

«No es cáncer, es SIDA, parece ser un virus, un virus que transmiten los homosexuales. Lo llaman la peste rosa.»

Fabián, de 15 años, pide permiso para ir al baño, pone el cerrojo y se queda mirando el espejo, sin poder distinguir «si lo peor es la muerte de sida o la vida que me espera».

── II. EL PARQUE 9 DE JULIO Y LA «ZONA DE MERETRICIO» ──────

Tres años después tiene su primer encuentro con Felipe, tras una tarde jugando al fútbol en el Parque 9 de Julio. En 1998, ya en pareja con Luis —un ingeniero—, alquila una vivienda pegada a ese mismo parque, una zona dominada por trabajadoras sexuales travestis. Su padre la describe con una frase que se le queda grabada: «Zona de meretricio». Las vecinas travestis los miran con desconfianza al principio; con el tiempo, dice, se reconocen «hermanadas» frente a una misma mirada social hostil.

── III. «AMIGOS MÍOS, NUNCA» ──────

En septiembre de 2000 le propone a Luis, por primera vez, la idea de adoptar. Luis responde con incredulidad: «¿A quién se le ocurre un chico en esta casa?». La conversación deriva en el recuerdo de una escribana, en el trámite de una venta de terreno, que les dijo sin que se lo preguntaran:

«Yo tengo unos conocidos gays, son divinos, me parece que son pareja. No son muy cercanos. Porque yo acepto todo y soy muy respetuosa, pero amigos míos… nunca.»

La frase se vuelve un chiste privado entre ellos cada vez que ven a otra pareja gay: «¿Sos amigo de ellos?» — «Los conozco, pero amigos míos… nunca».

── IV. LA PREGUNTA A PEDRO ──────

En 2005, dando clases en Aguilares (una ciudad de 30.000 habitantes a 80 km de la capital), conoce a Pedro, un trabajador social. Años más tarde, sabiendo que Pedro trabaja en el registro de adopción, le suelta la pregunta que venía masticando:

«Vos que trabajás en el registro de adopción: ¿un hombre gay solo puede adoptar aquí en Tucumán?»

Pedro responde: «Legalmente no hay nada que lo impida. La Ley de Adopción no hace referencia a parejas ni personas solteras… Pero nunca se presentó ningún hombre gay para postularse a adoptante». En 2010, en un café, Pedro se entera de que Fabián ya había ido, por su cuenta, a preguntar en la oficina: le dieron un formulario que pedía completar datos de «mi esposa y yo», además del sexo, la edad y si aceptaba niños con enfermedades crónicas.

── V. LA PLAZA DEL CONGRESO Y LA LEY ──────

El 9 de julio de 2010, en los festejos de la independencia en Tucumán, decide mudarse a Buenos Aires. Días antes había leído una nota del periodista Osvaldo Bazán sobre Luis y Dani, un padre y un hijo adoptivos. El 15 de julio, madrugada de invierno, espera frente al Congreso el resultado de la votación de la Ley de Matrimonio Igualitario. La senadora Hilda «Chiche» Duhalde había advertido, votando en contra, que había que tener cuidado porque «ahora vienen por nuestros chicos». La ley se aprueba esa noche.

── VI. EL TRIBUNAL, LA PSICÓLOGA Y LA JUEZA ──────

De vuelta en Tucumán, inicia el trámite formal en el Registro Único de Adopción. Un joven abogado, Diego, lo tranquiliza: el Código Civil ya había cambiado y no hace falta aclarar nada sobre su orientación. Siguen cuatro meses de entrevistas. La psicóloga lo somete a preguntas que él describe como violentas —»¿fuiste abusado?», «¿no creés que tenés que resolver el problema con tu familia para poder armar la tuya?»— y su informe queda «plagado de banderas rojas». Amigas le sugieren abandonar: dicen que su caso ya es «resonante» en el Palacio y que incomoda a los jueces. Sigue igual.

En febrero de 2011, la jueza a cargo del registro lo increpa:

«¿Cuál es la razón de que una persona como usted, soltero, profesional exitoso, que viaja, tiene su casa, vive tranquilo… quiera cargar con el peso de una criatura?»

Aprueba su expediente, pero le advierte: «Si usted habla con los medios, yo también puedo levantar un teléfono». Minutos después, en la calle, lo llama una periodista de Buenos Aires para confirmar que es «el primer varón gay que ha sido aceptado como postulante a la adopción en Tucumán». Tira el celular al piso.

── VII. RODRIGO ──────

Se muda a Buenos Aires para hacer su doctorado y se suma a grupos de adoptantes en Facebook, donde nota diferencias entre provincias —en Córdoba, recuerda, el formulario tenía un casillero de «rasgos étnicos». El 21 de septiembre de 2011 llama a un juzgado bonaerense con una convocatoria pública abierta. Al día siguiente, la trabajadora social Elisa le cuenta la historia de un chico de diez años, mudo, con una infancia difícil, que espera hace mucho tiempo en una institución. La jueza, que le pide que la llame Marta, le dice:

«Mi función aquí es encontrar el zapato al pie. (…) si vos te viniste de más de mil kilómetros hasta aquí, desde ese lugar tan complicado de donde venís, me parece que agallas no te faltan.»

Fabián acepta conocer el expediente. El chico se llama Rodrigo.

Fabián y Rodrigo (Foto TN)
── VIII. 2024: «JUNTARNOS PARA VIVIR» ──────

Han pasado más de diez años desde que Rodrigo llegó a su vida. Fabián tiene 54 y, durante la pandemia, adoptó también a una nena que llegó el 10 de octubre de 2019 —el mismo día que murió su padre. Hoy Rodrigo, de 23, cocina mientras él escribe; su hija, de 6, pelea por las últimas empanadas tucumanas. Cierra así:

«Al final, la familia solo es eso: juntarnos para vivir lo mejor que podamos.»

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NOTA DEL EDITOR:
Este texto está basado en el capítulo «Juntarnos para vivir. Una historia de adopción gay en Tucumán», de Fabián Vera del Barco, en A lo largo y a lo ancho. Estudios sobre sociabilidad gay en Argentina (dir. Ernesto Meccia). Ediciones UNL – Eudeba, 2026. 462 páginas. ISBN 978-987-749-532-4.

ENTREGAS ANTERIORES:
→ Santa Fe, años 80 y 90: argay.ar/yirar/
→ Resistencia y Corrientes: argay.ar/resistencia-corrientes/
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