Patricia Rearte: el largo camino desde el "aceite de avión" hasta la lucha por una salud pública integral

Patricia Rearte: necesita colaboración para luchar con las secuelas de la silicona industrial

La referente trans de Santa Cruz debe ser derivada a Buenos Aires por las secuelas de inyecciones de silicona industrial realizadas hace 30 años. Su caso expone la transición de una comunidad que pasó de la modificación corporal clandestina a la exigencia de derechos garantizados por la Ley de Identidad de Género.

Patricia Rearte, una mujer trans de 53 años y reconocida activista de Caleta Olivia, Santa Cruz, atraviesa actualmente una compleja situación de salud que requiere su derivación a la Ciudad de Buenos Aires.

Patricia Rearte, imagen Facebook

El uso del mal llamado «aceite de avión» —sustancias líquidas viscosas como el líquido de frenos de aeronaves o derivados del petróleo— fue una práctica extendida debido a que su costo era hasta diez veces menor que el de las prótesis legales. Estos procedimientos se realizaban mayormente en domicilios particulares, sin condiciones de bioseguridad y utilizando jeringas para animales para introducir grandes volúmenes de material.

Con el paso de los años, Patricia comenzó a sufrir las consecuencias devastadoras de este producto: la silicona que tenía en la cola migró hacia su cadera y piernas, mientras que en sus pechos se formaron nódulos y quistes dolorosos. Además de dolores insoportables que le impiden dormir, la paciente reportó la pérdida total de su cabello y síntomas de parálisis facial. Estas complicaciones son frecuentes en quienes viven con siliconas líquidas inyectables, ya que el material puede generar inflamación crónica, deformidades y, en casos graves, embolias pulmonares o paros cardiorrespiratorios.

La sanción de la Ley Nacional N° 26.743 de Identidad de Género en 2012 transformó este escenario al reconocer el derecho a la modificación corporal segura y gratuita dentro del sistema de salud. A pesar de este avance legal, Patricia se encuentra con un sistema que aún presenta barreras: en su provincia no existen médicos especialistas que traten las secuelas de la silicona industrial por temor a las complicaciones quirúrgicas. Mientras espera la autorización de su obra social, la comunidad de Caleta Olivia organiza ferias solidarias y colectas para costear los gastos de su permanencia en Buenos Aires.

Su caso evidencia que, aunque se ha avanzado hacia una atención en hospitales públicos y consultorios inclusivos, todavía es necesario fortalecer las redes de cuidado para las «sobrevivientes» de la clandestinidad. Patricia viajará a la capital con la esperanza de ser intervenida por equipos que comprendan la complejidad de una problemática que no es solo médica, sino el resultado de décadas de marginación estructura

Sobre una nota de ‘La opinión austral’

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