El presente informe analiza la experiencia de “ser gay” desde la infancia hasta la adultez, abordando sus implicancias subjetivas, sociales y vinculares. Se propone comprender cómo el denominado “guion heterosexual” opera como dispositivo normativo que regula el deseo, condiciona la construcción identitaria y contribuye a la formación del “armario” como estructura social. A partir de aportes de autores contemporáneos en estudios de género, sexualidad y ciencias sociales, se exploran las consecuencias psíquicas de estos procesos, incluyendo la baja autoestima, los patrones vinculares repetitivos y el impacto del estrés de minorías. Finalmente, se reflexiona sobre las condiciones que permiten formas menos dolorosas de habitar la diversidad sexual.

Escribe: Pablo D. Szternberg, Licenciado y Magister en Psicología
A Modo de Introducción
“A muchos hombres Gays les gritaron ‘maricón’ con seis años. Ese mensaje se queda dentro».
Existen preguntas que, en apariencia, resultan inocentes: “¿Tenés novia?”, “¿Cuál te gusta?”, “¿Esa no te pone?”. Estas interpelaciones, repetidas sistemáticamente en distintos ámbitos de socialización —escuela, grupos de pares, espacios recreativos—, configuran un marco normativo que delimita las formas legítimas de desear.
Lejos de ser neutras, estas prácticas discursivas participan en la construcción de lo que puede denominarse el guion heterosexual: una narrativa implícita que presupone la heterosexualidad como única forma válida de deseo, excluyendo otras posibilidades del campo de lo pensable y lo decible.
El objetivo de este trabajo es analizar cómo este guion incide en la constitución subjetiva de varones gays, considerando su desarrollo desde la infancia hasta la adultez, así como sus efectos en la autoestima, los vínculos y la salud mental.
El Marco teórico
Desde la perspectiva de Butler (1990, 2004), el género y la sexualidad no constituyen esencias naturales, sino efectos de prácticas reiteradas que producen la ilusión de una identidad estable. En este sentido, el deseo no es únicamente una experiencia interna, sino también el resultado de normas sociales que orientan su expresión.
Connell (1995) introduce el concepto de masculinidad hegemónica para describir el modelo dominante que regula las formas aceptables de ser varón, estableciendo jerarquías entre distintas masculinidades.
Por su parte, Sedgwick (1990) conceptualiza el armario como una estructura central en la organización de la experiencia homosexual, destacando que el ocultamiento no es simplemente individual, sino socialmente producido.
Meyer (2003) aporta el modelo de estrés de minorías, que permite comprender el impacto de la discriminación y el estigma en la salud mental de poblaciones sexualmente diversas.
Finalmente, Eribon (2009) y Foucault (1976) ofrecen herramientas para analizar la internalización de la norma y los dispositivos de regulación del deseo.

La Infancia: el inicio del desajuste
“El cuerpo se ha convertido en una forma de buscar validación”
Desde edades tempranas, los varones son socializados en espacios donde el reconocimiento está condicionado al cumplimiento de ciertos códigos. El grupo de pares actúa como instancia reguladora, estableciendo qué comportamientos, emociones y deseos son aceptables.
En este contexto, aquellos niños cuyo deseo no se ajusta al guion heterosexual pueden experimentar una temprana sensación de diferencia. La ausencia de representaciones alternativas y la imposibilidad de nombrar dicha experiencia generan un desfasaje subjetivo.

Adolescencia: el armario como estructura social
Durante la adolescencia, el deseo adquiere mayor definición, pero también se intensifica el riesgo de exclusión. Es en este período donde suele consolidarse la experiencia del armario.
El armario no debe entenderse como una simple decisión de ocultamiento, sino como el resultado de un entramado social que penaliza la diferencia. Se construye a través de prácticas cotidianas que presuponen heterosexualidad y silencian otras posibilidades.
En este sentido, la pregunta “¿por qué no lo dijo antes?” invisibiliza las condiciones que hacen que decir implique un costo subjetivo y social.
Estrés de minorías y sufrimiento psíquico
Las experiencias de discriminación, tanto explícitas como sutiles, generan un estado de hipervigilancia y expectativa de rechazo. Según Meyer (2003), este conjunto de factores configura el estrés de minorías.
Este estrés puede manifestarse en:
● ansiedad
● baja autoestima
● dificultades vinculares
● necesidad de validación externa
Asimismo, fenómenos como el consumo problemático de sustancias deben comprenderse no como consecuencia directa de la orientación sexual, sino como posibles respuestas a un sufrimiento previo.
Adultez: integración y persistencia de marcas
En la adultez, muchos sujetos logran procesos de aceptación e integración de su identidad sexual. Sin embargo, las huellas de experiencias previas pueden persistir.
Entre los patrones vinculares observables se destacan:
● el perfil del “rescatador”
● la tendencia a vínculos asimétricos
● la búsqueda constante de validación
● dificultades para sostener el propio deseo
Estos patrones no son inherentes a la homosexualidad, sino que deben entenderse en el marco de trayectorias atravesadas por la deslegitimación del deseo.
El “ruido interno” y la internalización de la norma
Incluso en contextos más inclusivos, puede persistir un “ruido interno” asociado a la vergüenza y la autoexigencia. Este fenómeno puede interpretarse como efecto de la internalización de normas sociales que históricamente han estigmatizado la diversidad sexual.
La Discusión
Los desarrollos analizados permiten afirmar que el sufrimiento asociado a la experiencia de ser gay no es inherente a la orientación sexual, sino al contexto social en el que esta se despliega.
El guion heterosexual opera como un dispositivo que limita las posibilidades de subjetivación, mientras que el armario se configura como una respuesta adaptativa frente a condiciones adversas.
En este sentido, resulta fundamental desplazar la mirada desde el individuo hacia las estructuras sociales que producen y sostienen estas experiencias.

¿Alguna posible Conclusion?.
La experiencia de ser gay debe comprenderse como una trayectoria subjetiva situada, atravesada por normas sociales que regulan el deseo y la identidad.
El guion heterosexual, sostenido por prácticas cotidianas aparentemente inocentes, delimita lo posible y contribuye a la construcción del armario como estructura social.
Sin embargo, el sufrimiento no es inevitable. La existencia de entornos inclusivos, espacios de escucha y representaciones diversas permite formas menos dolorosas de habitar la sexualidad.
La pregunta central, entonces, no es por qué alguien vivió en el armario, sino cómo ese armario fue construido y qué condiciones pueden generarse para que deje de ser necesario.
Referencias
Barrancos, D. (2010). Mujeres en la sociedad argentina: Una historia de cinco siglos. Sudamericana.
Bellucci, M. (2010). Orgullo: Carlos Jáuregui, una biografía política. Emecé.
Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge.
Butler, J. (2004). Undoing gender. Routledge.
Connell, R. W. (1995). Masculinities. University of California Press.
Eribon, D. (1999). Réflexions sur la question gay. Fayard.
Eribon, D. (2009). Retour à Reims. Fayard.
Figari, C. (2009). Eróticas de la disidencia en América Latina: Brasil, siglos XVII al XX. Ciccus.
Foucault, M. (1976). Histoire de la sexualité, Vol. 1: La volonté de savoir. Gallimard.
Foucault, M. (1984a). Histoire de la sexualité, Vol. 2: L’usage des plaisirs. Gallimard.
Foucault, M. (1984b). Histoire de la sexualité, Vol. 3: Le souci de soi. Gallimard.
Jáuregui, C. (1987). La homosexualidad en la Argentina. Tarso.
Jones, D. (2008). Sexualidades adolescentes: Amor, placer y control en la Argentina contemporánea. Ciccus.
Lemebel, P. (1996). Loco afán: Crónicas de sidario. LOM Ediciones.
Lemebel, P. (2001). Tengo miedo torero. Seix Barral.
Meyer, I. H. (2003). Prejudice, social stress, and mental health in lesbian, gay, and bisexual populations: Conceptual issues and research evidence. Psychological Bulletin, 129(5), 674–697. https://doi.org/10.1037/0033-2909.129.5.674
Pecheny, M. (2002). Sexualidades y políticas en la Argentina. En D. Jones, C. Figari & S. Barrón (Eds.), La producción de la sexualidad: Políticas y regulaciones sexuales en Argentina. Biblos.
Perlongher, N. (1987). El negocio del deseo: La prostitución masculina en San Pablo. Paidós.
Perlongher, N. (1999). Prosa plebeya: Ensayos 1980–1992. Colihue.
Preciado, P. B. (2008). Testo junkie: Sex, drugs, and biopolitics in the pharmacopornographic era. The Feminist Press.
Sedgwick, E. K. (1990). Epistemology of the closet. University of California Press.
Sebreli, J. J. (1997). El asedio a la modernidad. Sudamericana.
Segato, R. L. (2013). La crítica de la colonialidad en ocho ensayos. Prometeo.
Segato, R. L. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo.
Valencia, S. (2010). Capitalismo gore. Melusina.



