Un estudio de la Universidad Nacional de Camberra reveló que el tamaño del miembro no es solo una cuestión reproductiva, sino una señal de seducción y estatus que moldeó nuestra evolución.
Un nuevo estudio publicado en la revista PLOS Biology desentrañó por qué el pene humano es desproporcionadamente más grande que el de otros primates. La investigación, realizada con modelos digitales y cientos de participantes, reveló que su tamaño cumplió una doble función evolutiva: atraer parejas sexuales y marcar terreno frente a posibles rivales.
Para el experimento, científicos australianos usaron figuras masculinas con distintas alturas, tipos de cuerpo y tamaños de genitales. Las mujeres evaluaron el atractivo, mientras que los hombres calificaron a los modelos como amenazas físicas o sexuales. Los resultados confirmaron que ellas prefieren una combinación de altura, espalda ancha y un pene más grande, aunque existe un límite donde el tamaño deja de sumar puntos extra.

Lo más curioso apareció en la mirada masculina. Los hombres percibieron a los sujetos con penes grandes como rivales mucho más intimidantes. De hecho, el estudio demostró que ellos tienden a sobreestimar el impacto que estas características tienen en las mujeres, viéndolas como una señal de estatus y capacidad de lucha mucho más fuerte de lo que ellas realmente valoran.
Esta característica funciona de forma similar a la melena de un león o los cuernos de un ciervo. Sin embargo, en los humanos, el rol de «adorno» para seducir resultó ser entre cuatro y siete veces más potente que su función como señal de intimidación física. El cerebro evaluó estos rasgos de forma casi instantánea y subconsciente.
Si bien los investigadores aclararon que la personalidad y la cara también juegan su parte en la vida real, los datos sugieren que la evolución moldeó el tamaño del pene como una herramienta de selección sexual. En definitiva, no se trata solo de reproducción, sino de una señal visual que influyó históricamente en la competencia y el deseo.


