De los foros de fanfiction al éxito masivo en televisión, la historia de amor entre dos jugadores de hockey despertó una pasión que mezcla deseo, identidad y el renacimiento de la cultura «fujoshi».
El 28 de noviembre de 2025 marcó el inicio de un evento de psicosis colectiva con el estreno de la serie Heated Rivalry. La producción canadiense, basada en las novelas de Rachel Reid, narra el romance entre dos rivales del hockey profesional, Shane Hollander e Ilya Rozanov. El impacto fue inmediato y masivo, provocando que miles de mujeres —tanto heterosexuales como queer— perdieran el control de sus facultades, obsesionándose con lo que muchos llaman «la serie de hockey gay».

Este fervor rescató del archivo el término japonés fujoshi («chica podrida»), usado para describir a las mujeres que consumen historias de amor entre hombres, género conocido en Asia como Boys’ Love (BL) y en Occidente como romance M/M. Aunque este tipo de relatos siempre existió en los márgenes de internet y el slash fiction (desde las historias de Kirk y Spock en los 60), Heated Rivalry rompió esa barrera y llevó lo marginal al centro de la cultura pop.
La creadora de este universo, Rachel Reid (pseudónimo de Rachelle Goguen), escribió las novelas originales como una forma de escape mientras cuidaba a sus hijos. Lo curioso es que el primer libro nació como un fanfic de los personajes de Marvel, Capitán América y Bucky Barnes, publicado en la plataforma AO3 bajo otros nombres. Tras recibir comentarios positivos, Reid modificó la historia, «limó» las referencias obvias y la envió a editoriales, sin imaginar que terminaría vendiendo más de 3 millones de copias.

Existen varias teorías sobre por qué este género resuena tanto hoy. Para muchas lectoras, el romance M/M es una solución al «problema de los hombres heterosexuales» en el mundo real. Al eliminar la perspectiva femenina del relato, las lectoras disfrutan del romance sin miedo, sin identificaciones forzadas con personajes sumisos y sin la violencia de género que suele aparecer en las novelas románticas tradicionales. Es, en palabras de algunas fans, una «pornografía de igualdad» donde dos figuras poderosas se vuelven vulnerables por amor.
Sin embargo, el éxito no estuvo exento de roces. Un sector de hombres gays criticó la serie por considerarla una representación poco realista de su vida, calificándola de fantasía diseñada por y para mujeres. A pesar de esto, la mayoría de los espectadores rescató que la historia ofrece un final feliz que esquiva el cliché de la muerte trágica de los personajes queer. Además, para muchos autores y fans, estos relatos sirvieron como un espacio seguro para explorar identidades trans o no binarias.
Hoy, el fenómeno sigue imparable. La serie promedia 10,6 millones de espectadores por episodio y las redes sociales están inundadas de montajes, teorías y fanfiction que ya superan las 18.000 entradas. Mientras Rachel Reid trabaja en el próximo libro de la saga, la industria tomó nota: lo que empezó como un secreto en foros de internet se transformó en la nueva frontera del entretenimiento global.




