La 35.ª Fiesta Nacional del Chamamé transcurre en el anfiteatro Cocomarola bajo el lema «Refugio de nuestra Identidad», pero para la cantautora Demir Hannah, el festival se transformó en un exilio institucional. A través de un contundente descargo en sus redes sociales, la artista rompió el silencio y denunció el maltrato sistemático de una organización que, a pesar de haberla visto brillar ante 22.000 personas en la edición anterior, decidió omitirla de la grilla oficial de este año. Lo que para el Instituto de Cultura de Corrientes fue un «traspapeleo», para Hannah es una exclusión política deliberada.
La cronología del conflicto, detallada por la artista en su publicación, revela una cadena de ninguneos que comenzó el 16 de octubre con la presentación formal de su propuesta. Al pedir explicaciones a la actual presidenta del Instituto, Lourdes Sánchez, la respuesta rozó la burla: la funcionaria alegó que la información se perdió y cerró el reclamo por la Ley de Cupo con emoticonos de «corazoncitos» en WhatsApp. «Entiendo y estás en todo tu derecho de hacer el descargo que quieras», fue la frase con la que la gestión despachó el reclamo de la única referente trans del género.

El martes 13, apenas días antes del inicio, la organización intentó una maniobra de última hora para evitar el escándalo mediático. Según relató Hannah en sus redes, le ofrecieron una participación «fuera de grilla» con un presupuesto irrisorio de 3 millones de pesos para cubrir traslados y logística desde Buenos Aires. La artista denunció que la mantuvieron en vilo hasta la madrugada con mensajes administrativos solo para ganar tiempo, en lo que calificó como una «maniobra sucia» de silenciamiento.
Este conflicto expone un sistema que utiliza la burocracia como filtro de exclusión. Mientras se destinan cifras millonarias a figuras nacionales ajenas al género, se imponen barreras financieras y administrativas que expulsan a los «portadores» legítimos del patrimonio que no cuentan con estructuras empresariales. Esta práctica colisiona directamente con las obligaciones de salvaguarda asumidas ante la UNESCO, que exige fomentar el diálogo y el respeto por la diversidad cultural.

La invisibilización de Hannah es un golpe a la memoria colectiva: se trata de una mujer que en 1999 ya defendía a las minorías en la radio correntina bajo amenazas de muerte. Al ignorar la Ley Nacional N° 27.539, que garantiza un 30% de cupo femenino y de diversidades, el Instituto no solo infringe una norma legal, sino que violenta la trayectoria de quien puso el cuerpo cuando la diversidad no era tendencia.
Hoy, mientras el chamamé suena en el escenario mayor, el descargo de Demir Hannah resuena con más fuerza en la virtualidad. La dignidad de una carrera de décadas no se remienda con respuestas evasivas ni gestos condescendientes en un chat. El festival podrá seguir su curso, pero esta edición quedará marcada por haber convertido el «Refugio de la Identidad» en un espacio de puertas cerradas para quienes más han luchado por habitarlo.




