Alba Loureiro y Tania Medina crearon Contando los días sin presupuesto ni productora, solo con un guion, un celular y la necesidad de contar una historia de amor entre dos mujeres que no terminara en tragedia.
Por @roconestor – abril 2026
Hay una paradoja en el corazón de Contando los días: una historia pensada para durar menos de dos minutos logró lo que muchas producciones con millones de dólares no consiguen. Que la gente hable de los personajes como si existieran de verdad. Que los sigan. Que los esperen.

La serie la crearon, escribieron, produjeron y protagonizaron Alba Loureiro y Tania Medina —amigas desde hace una década, actrices con carreras en televisión y teatro— durante un impás entre proyectos en 2024. Querían trabajar juntas. No tenían presupuesto. Tenían una idea: una comedia romántica entre dos chicas, contada en reels verticales para Instagram, TikTok y YouTube.
Lo que vino después las sorprendió a ellas mismas. Hoy Contando los días tiene más de 53.000 seguidores, participó en el Festival FECICAM, compite por el Premio Mestre Mateo a Mejor Serie Web y está en plena preproducción de su segunda temporada —financiada en parte por un crowdfunding que su propia comunidad hizo posible.
El momento en que Ana y Claudia dejaron de ser personajes
La primera temporada consta de 34 capítulos de entre uno y dos minutos cada uno. La historia sigue a Ana y Claudia, dos mujeres que se enamoran entre cafés, mudanzas y rutinas cotidianas en Madrid. Pero lo que la distingue no es solo el formato: es la forma en que ese formato construye intimidad.
Junto a los capítulos, las creadoras publican conversaciones de WhatsApp entre los personajes —con audios, fotos y stickers—, lo que amplía el universo más allá de la pantalla. El resultado es una experiencia transmedia que el público empieza a vivir como si fuera real.
«El punto clave fue cuando la gente empezó a hablarnos de Ana y Claudia como si existieran de verdad. Ahí entendimos que había algo que había trascendido el formato.»— Alba Loureiro y Tania Medina
Precariedad y libertad absoluta
Hacer todo solas —escribir, dirigir, producir, editar, gestionar las redes— fue agotador. También fue, según ellas, lo que le dio al proyecto una coherencia y una voz inconfundibles. La autogestión no fue solo una necesidad económica: terminó siendo una decisión estética.

El crowdfunding que lanzaron para financiar la segunda temporada no fue solo una herramienta de financiación. Fue también un acto político: la prueba de que ese proyecto no les pertenecía solo a ellas. «Ha sido clave para poder seguir creciendo sin perder esa independencia, y también para sentir que el proyecto no es solo nuestro, sino de toda la gente que lo está apoyando», explican.
Sin el bollodramma
En el mundo de la ficción lésbica y sáfica, la comedia romántica es un género casi inexistente. Las historias entre mujeres, cuando existen, suelen transitar el drama, el sufrimiento o el final trágico —lo que dentro de la comunidad se llama, con humor y resignación, «bollodramma». Contando los días tomó la decisión opuesta desde el principio.
«Sentíamos la necesidad de contar una historia sáfica desde otro lugar: más cotidiano, más cercano, con humor, con ternura. También porque nosotras mismas necesitábamos ver ese tipo de historias.»— Alba Loureiro y Tania Medina
No es una declaración de principios vacía. Es, también, una decisión de mercado: hay un público enorme, mayoritariamente joven, que busca verse representado en historias que no lo condenen de antemano. Ese público encontró en Ana y Claudia un refugio.
El lado de acá del charco
Entre los más de 53.000 seguidores que la serie acumuló entre España y Latinoamérica, Argentina ocupa un lugar especial. Las creadoras lo notan y lo agradecen con algo que suena a genuina sorpresa.
«Nos ha sorprendido muchísimo la conexión con Argentina. Hay algo en la forma de vivir las emociones, el humor y los vínculos que sentimos muy cercano. Recibimos comentarios muy profundos, llenos de cariño, y eso nos emociona muchísimo.»— Alba Loureiro y Tania Medina
Es un dato que vale la pena detenerse a pensar: una serie española, rodada en un departamento de Madrid con un equipo de cinco personas, encuentra en Argentina uno de sus públicos más comprometidos. Algo en esa cotidianeidad —las tazas de desayuno que ya son parte del mobiliario emocional, el chat de WhatsApp que dice más que un diálogo— funciona igual a los dos lados del océano.
Lo que viene
La segunda temporada, que empieza a rodarse en las próximas semanas, será más grande en todos los sentidos: más capítulos (alrededor de 60), mayor duración por episodio, más personajes y nuevas voces del colectivo LGTTTBIQ+. También habrá menos fragmentación narrativa y más continuidad entre capítulos —una respuesta directa a lo que aprendieron en la primera temporada.
Y aunque la serie seguirá viviendo en las redes, no descartan dar el salto al streaming convencional. «Creemos que el formato vertical ya es un lenguaje en sí mismo», dicen, «pero también tendría sentido que Contando los días pudiera evolucionar a un formato horizontal más cercano al streaming clásico.»
Por ahora, Ana y Claudia siguen contando los días. Y miles de personas en España y Argentina también.




