Un reciente análisis del New York Times advierte que la aceptación hacia la comunidad LGBT+ cayó en los últimos años, impulsada por la inestabilidad social y un fuerte sentimiento anti-institucional.
El artículo parte de una observación preocupante: tras décadas de avances sostenidos en los derechos civiles y la aceptación social, las encuestas y estudios recientes muestran un giro inesperado. Por primera vez en mucho tiempo, el apoyo a las personas homosexuales y lesbianas dejó de crecer y empezó a retroceder en varios sectores de la sociedad, especialmente entre las generaciones más jóvenes que antes parecían ser el motor del cambio.

Los autores descartan dos explicaciones comunes para este fenómeno. Primero, aseguran que no se trata de una reacción directa a políticas específicas de identidad de género (como las discusiones sobre lenguaje inclusivo). Segundo, descartan que el discurso del «grooming» o adoctrinamiento infantil sea la causa principal, ya que los datos no muestran una correlación directa entre el aumento de esas búsquedas en internet y los picos de prejuicio.
“La popularidad de ‘Heated Rivalry’, al parecer, es una bienvenida explosión de entusiasmo por la vida gay en una nueva era de prejuicios anti-gay”, escriben los científicos sociales Tessa Charlesworth y Eli Finkel en NYT.
En cambio, el editorial señala que la causa de fondo es la inestabilidad social. Tras años de crisis económicas, pandemias y cambios vertiginosos, la sensación de incertidumbre generó un terreno fértil para el resentimiento. La gente busca orden en un mundo que percibe como caótico, y esa búsqueda suele terminar en el rechazo a lo que se instaló recientemente como norma social.
Otro factor clave es el sentimiento anti-establishment. Según el texto, las personas gays y lesbianas quedaron «tejidas» en la estructura de las instituciones tradicionales (gobiernos, grandes empresas, medios). Como hoy existe una desconfianza generalizada hacia todo lo que representa el «sistema», ese rechazo alcanzó también a los grupos que el sistema integró recientemente.
Finalmente, el análisis advierte que la comunidad LGBT+ terminó siendo un «daño colateral» en una revuelta cultural más amplia. Lo que antes se veía como un progreso indiscutible, ahora muchos lo perciben como parte de una agenda impuesta por una élite que falló en resolver los problemas cotidianos de la población, lo que vuelve a poner en riesgo derechos que se creían consolidados.




